INVESTIGACIONES     

(4 de mayo de 2013)

Una vida de fructíferas investigaciones arqueológicas

El cienfueguero Marcos Rodríguez ha contribuido a despejar incógnitas históricas mediante sus indagaciones

Julio Martínez Molina

La invitación a intervenir en foros, talleres y expediciones en varios sitios del país definen el prestigio, el rigor científico y la ética de un verdadero punto de referencia de la Arqueología en Cienfuegos: el además historiador, especialista museístico y profesor universitario Marcos Rodríguez Matamoros.

“La Arqueología te revela el pasado sin hablar”, Marcos Rodríguez. foto del autor

Cinco libros científicos publicados, amén de la autoría del capítulo precolombino de la colectiva Síntesis Histórica Provincial de Cienfuegos, corroboran el interés por los planteos de quien fundara hacia 1976 el Grupo Jagua de Aficionados a la Arqueología.

Hoy día el también miembro del Grupo Provincial de Arqueología, y de la UNEAC, es el único especialista de la provincia avalado por la Lista Nacional de Arqueología para dirigir tanto excavaciones como proyectos de investigaciones arqueológicas.

Esto último es algo que él tiene en alta estima, según cuenta. No lo hace por egolatría, sino porque dicha selectividad habla de la seriedad que se le concede a una acción que precisa no solo de dicho aval, sino además de los correspondientes permisos de las comisiones provinciales de monumentos, prosigue Marcos.

Gubias aborígenes de conchas encontradas en La Vega, Cienfuegos.

Por casi cuatro décadas, el estudio ha formado parte, impulsado o supervisado disímiles expediciones que despejaron difíciles incógnitas sobre características de la comunidad aborigen en la región central, en sitios como Ojo de Agua, Punta Gavilla, Hoyo de Padilla u otros. Mas, dos grandes proyectos marcan su mayoría de edad en el terreno amado: las investigaciones en el Complejo Palo Liso-Las Glorias y en la encomienda de El Padre de las Casas en Jagua.

Del examen al complejo, ubicado en las cercanías de los cursos de los ríos Jabacoa, Damují y Hanábana, en el municipio de Rodas, Marcos publicó los libros El arte rupestre en Rodas, en coautoría con su colega Carlos Rafael Borges y, en solitario, El Complejo Palo Liso-Las Glorias: un sistema ceremonial aborigen.

"En Palo Liso-Las Glorias, privilegiada extensión —motivo de estudio integral de años a cargo de mis compañeros Carlos R. Borges, Léster Puntonet, Alberto Arano y yo—, hallamos diversidad de elementos de la cultura material, al modo de herramientas de trabajo o artefactos de piedra, entre otros.

"Y, además, motivos de la cultura espiritual o supraestructural, al apreciarse la presencia de petrogrifos, cultos zoolátricos, silbatos que copian el graznido de la yaguaza empleados para rituales mágicos imitativos.

"Algunas de estas cuevas fueron utilizadas por nuestros aborígenes para pequeños observatorios astronómicos elementales enfilados a marcar los ciclos anuales (ellos vivían muy dependientes de eso); en la gruta de la Siguaraya hay un cronómetro solar, con el solsticio de invierno sobre un petrogrifo.

"El Complejo es muy grande, contentivo de disímiles residuarios arqueológicos que demuestran que la actividad al aire libre fue intensa. El área trasciende no solo en la provincia o en el país, sino además a escala de las Antillas. Solo los petrogrifos y pictografías pueden generar estudios enjundiosos sobre el arte rupestre", dice.

En torno al tema de la encomienda de Fray Bartolomé de las Casas, Marcos precisa cómo "en 1973 el arqueólogo Alfredo Rankin Santander localizó en la Loma del Convento, cerca del río Arimao, en Cienfuegos, un yacimiento de grandes proporciones, el cual consideró precolombino en aquel momento.

"Luego se fueron ampliando los análisis, hasta que en 1987 tiene lugar una gran expedición cubano-soviética —dos campañas de excavaciones—, donde participé a tiempo completo.

"En verdad, el interés soviético consistía en estudiar el patrón de asentamiento para compararlo con los de otras regiones de Cuba. Empero, comenzaron a aparecer mayólicas, botijuelas, fragmentos de metal, fuentecillas de vidrio y una pata de compás de cartografía naútica, elementos de transculturación propios de una convivencia prolongada entre nativos y españoles.

"Luego, un posterior estudio integral, más detallado, me permitió asegurar que fue exactamente el sitio del benefactor de los indios, del cual él habló en sus escritos, pero que hasta entonces se desconocía o confundía el lugar exacto", sostiene ufano.

Siempre activo pese a haberse retirado hace pocos meses, Rodríguez Matamoros acaba de participar en una investigación de campo con colegas espirituanos, la cual podrá arrojar datos, del todo nuevos, sobre los antecedentes del Yayabo, una vez sean confirmados en el trabajo de gabinete, según adelanta.

"Estas labores arqueológicass en la zona espirituana de Pueblo Viejo aportarán importante y novedosa información a la historia de la Villa del Yayabo en su quinto centenario a conmemorarse en el próximo año 2014, junto al de su hermana mayor la villa Santísima Trinidad", estima el investigador.

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