Sin ciencia jamás tendremos altos rendimientos

La carencia de una estrategia coherente de extensionismo, ha conspirado con la generalización de los resultados científicos en la agricultura

Freddy Pérez Cabrera

En tiempos de encarecimiento de precios de los productos alimenticios y del petróleo, de grandes cambios climáticos y de crisis económica mundial, resulta insostenible que en nuestro país no se empleen de manera óptima muchos resultados científicos que pudieran contribuir de manera eficaz a atenuar el impacto de esos fenómenos y a elevar los rendimientos agrícolas.

FOTOS DEL AUTORSergio Rodríguez, director del INIVIT.

Tal es el caso de la utilización de semillas y variedades de calidad, genéticamente superiores, de alto potencial productivo y de mayor resistencia a plagas y enfermedades que las empleadas en la mayoría de las bases productivas.

Por razones como esa, entre otras, cada año el país se ve obligado a importar más de 1 500 millones de dólares en la compra de alimentos en el mercado mundial, como sucedió el pasado año en que debieron invertirse cerca de 1 700 millones.

Los motivos pueden ser varios, mas ninguno justifica la morosidad en la generalización de los hallazgos de la investigación en una esfera tan decisiva como la agricultura, una exigencia impostergable de nuestra economía, como bien se expresa en los lineamientos 136 y 184 referidos a la necesidad de potenciar los resultados de la ciencia y la técnica en aras de sustituir las importaciones de alimentos.

Consejos de un sabio

El Doctor en Ciencias Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto Nacional de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), una verdadera institución en estos temas, reconoce que, aunque las causas resultan varias, existe una elemental que influye en todo lo demás, y es la carencia de una estrategia extensionista coherente, capaz de transferir las deducciones científicas hasta el último rincón del país.

En pleno periodo especial, por idea de Fidel se crearon las primeras biofábricas.

"Cuesta mucho trabajo que la gente entienda cómo en los últimos 100 años, el 50 % del incremento de los rendimientos en el mundo ha estado vinculado al tema de las semillas y la utilización de variedades de calidad, y recuerda la claridad de Fidel en este tema cuando, en medio del periodo especial, orientó crear las once biofábricas con que cuenta el país, a fin de producir simientes óptimas en aras de aumentar la producción de alimentos, asegura el también miembro del Consejo de Estado.

Explica que, por esa vía, cada año dilapidamos millones de dólares en combustibles, abonos y fertilizantes, utilizados en fomentar cultivos provenientes de semillas no certificadas, recursos que pudieran ahorrarse de haber utilizado lo que la ciencia ha demostrado con creces.

"Muchas veces entregamos semillas básicas, pero luego estas no se multiplican hasta la registrada y la certificada, y en el peor de los casos, se utilizan con ánimos mercantilistas, explica Rodríguez Morales, quien reconoce la necesidad de cambiar la mentalidad en este tema, porque mientras no se asimile que sembrar con calidad no es un gasto, sino una inversión, jamás resolveremos el problema".

En el caso del INIVIT, aporta variedades y tecnologías, como los métodos para plantar los cultivos, la longitud entre una planta y otra, la densidad por campo, los niveles de fertilizantes a emplear, el manejo integrado en el control de las plagas como la del tetuán que ataca al boniato y otras. Estos saberes, de ser empleados, asegurarían un crecimiento en la producción.

Y pone como ejemplo el resultado de entidades muy serias que han implementado sus recomendaciones, como Laguna Blanca, en Santiago de Cuba; Horquita, en Cienfuegos; Yabú, en Villa Clara y La Cuba, en Ciego de Ávila, entre otras. A estas los especialistas del INIVIT las asesoran, sin imposición, sino a partir de sus características, y los frutos no se han hecho esperar.

Para tener una idea de la utilidad de aplicar la ciencia en la agricultura, menciona el caso del Yabú, en Santa Clara, donde este año fueron plantadas seis hectáreas de yuca proveniente de semilla básica, el año que viene esa siembra va a dar 60 hectáreas de semilla registrada y al siguiente dará 600 de semilla certificada.

"El problema a mi entender, no es de los productores, sino de los investigadores y de los directivos. La gente esta ávida de ciencia, pero hay muchas trabas para hacérsela llegar, e incluso a veces aparecen cuadros impositivos, que exigen aplicar una variedad sin tener en cuenta las características del suelo o las posibilidades de riego, por poner un ejemplo", amplía Sergio.

Añade que la labor desarrollada los ha llevado en su institución a realizar 40 recorridos por todo el país, en aras de difundir nuevas variedades de viandas, vegetales, hortalizas y tubérculos; sin embargo, no siempre la implementación y el seguimiento es óptimo, porque falla el control de la actividad por parte de los que deciden en el sector en los diferentes territorios.

"No podemos pensar en llegarle al ciento por ciento de los productores. Se debe priorizar al que decide en las diferentes producciones, como aquel capaz de entregar 1 000 quintales de viandas (50 toneladas), a quien debemos privilegiar en la entrega de recursos y en la asesoría", destaca el director de la prestigiosa institución villaclareña.

Acerca de los nuevos productores incorporados a la producción de alimentos a través del Decreto-Ley 259, explica la necesidad de no abandonarlos y asesorarlos con el objetivo de que no crezcan con esas deformaciones, "o nos dará mucho trabajo encausarlos en el tema de los altos rendimientos", opina.

Sobre el tema de la contratación, asegura que es un instrumento subutilizado el cual no empleamos a fondo en aras de obtener altos rendimientos, y añade que contratar sin que medien semillas de calidad es un engaño entre quien contrata y el contratado, y al final es la economía quien pierde.

Sembrar con mentalidad de ahorro

Una de las tareas que más ocupa a los investigadores del INIVIT en estos momentos es la producción de biomasa tropical destinada a la alimentación animal, a partir de la conciencia de que el país no está en condiciones de continuar adquiriendo esas grandes cantidades de materia prima para elaborar los piensos, como soya, maíz, trigo y otras.

La fórmula es muy sencilla, y debe hacerse a nivel de finca, no de grandes empresas, a partir del método de elaboración del llamado yogurt de yuca o boniato, mezclado con la masa verde que aporta la planta, capaz de tributar altos niveles proteicos, pero que sí aportan alimentos destinados a los animales.

Asimismo, es necesario fomentar en todas partes variedades de bajo porte, como el plátano burro enano y la yuca, capaces de mitigar el impacto de los fuertes vientos, algunos de los cuales a lo mejor paren menos, pero dan comida al otro día del paso de un huracán, evitando así tener que recurrir a la siembra de cultivos de ciclo corto.

 

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