Sal, sudor y... retrasos

Ariel B. Coya

Desde tiempos inmemoriales la sal ha sido un recurso económico bien rentable. Al punto de casi valer su peso en oro. Como demuestra la etimología de la palabra salario (que derivada del latín salarium argentium significa "dinero de sal"), con ella solía pagarse a los soldados en el Imperio Romano, donde —tampoco es fortuito— la mayoría de las ciudades se erigían y desarrollaban contiguas a una salina.

Fotos: Ricardo López HeviaTras su recuperación la empresa salinera de Caimanera está lista para cubrir la demanda nacional.

Tan alta era la estimación de sus propiedades alimenticias y conservantes que a partir de sus dividendos se financió la construcción de la Gran Muralla China, por el control de su comercio Génova y Venecia se fueron a la guerra en el Medioevo, de su escasez emanó en parte la derrota del Sur en la Guerra Civil estadounidense (1861-1865) y de su monopolio la famosa Marcha de la sal, que en marzo de 1930 encabezó Mahatma Gandhi para provocar a la postre la independencia de la India del colonialismo británico.

Hasta aquí varios ejemplos sobre la importancia histórica de un elemento que aún hoy continúa siendo indispensable en la economía de cualquier país. No ya como un condimento extendido inevitablemente a todas las gastronomías del mundo, sino como un recurso al que se le conocen, de paso, otras 14 000 aplicaciones en diversas ramas de la industria.

Fotos: Ricardo López HeviaEn la fábrica no se ve a nadie con los brazos cruzados.

En Cuba no deja de ser curioso entonces un dato sencillo: Pese a tener aseguradas las reservas de este mineral para los próximos 200 años, el país debió importar hasta fecha muy reciente volúmenes de sal para satisfacer la demanda interna, llegando a destinar para ese propósito 12 millones de dólares, según reveló el Ministerio de la Industria Básica, cuando la tonelada se cotizaba en el mercado internacional a 420 dólares, 240 más que el costo de su producción nacional. A ello obligaron las severas afectaciones que sufrió la principal empresa salinera de la Isla, en el municipio guantanamero de Caimanera, tras las lluvias torrenciales que anegaron la región oriental a finales del 2007.

Hoy, por fortuna, el panorama es diferente y, tras recuperarse de modo satisfactorio, la entidad no solo ha conseguido poner coto a las importaciones desde el año pasado, sino que se apresta a exportar a partir de marzo, gracias al positivo impacto de las inversiones y a la consagración de sus trabajadores.

CRÉDITO AL ESFUERZO

Anteriormente, un 40% del almacén principal estaba en mal estado por problemas de filtraciones y peligro de derrumbe, por lo cual hubo que dividirlo casi a la mitad para proteger la seguridad de los trabajadores. Cada vez que llovía era fatal. La sal que estaba envasada se echaba a perder contaminada por las impurezas.

Fotos: Ricardo López HeviaLa planta procesadora de sal se ha beneficiado con varias mejoras tecnológicas.

Lo repararon, fundamentalmente, con esfuerzo propio. Las vigas de metal las recuperaron en la termonuclear de Cienfuegos, donde estaban en desuso. Afirman que fue un trabajo inmenso. Gracias a ello, a partir de octubre del año pasado pudieron estabilizar la producción, con 230 y 235 toneladas diarias entre las líneas social e industrial respectivamente.

Ahora se puede percibir cómo bulle el trabajo entre el rugido de la maquinaria y el polvo de la sal, mientras varios operarios se encargan de supervisar el envase mecanizado de las bolsitas de un kilogramo, que en principio deben abastecer a la población residente en los territorios de Guantánamo, Santiago de Cuba, La Habana, Ciudad de La Habana e Isla de la Juventud; aun cuando en tiempos de contingencia la planta cubre también la demanda de otras regiones.

Y es que como bien expone Luis Froilán Trujillo, director técnico del centro: "Esta salina tiene un peso decisivo en el país, por lo que se ha visto beneficiada con la introducción de varias mejoras tecnológicas en las líneas elaboradoras de la sal seca y húmeda, las cuales favorecieron los procesos de evaporación, concentración y cristalización".

"Seguimos rehabilitando la planta por etapas. Este año debemos montar las centrífugas para continuar perfeccionando el flujo de molienda y clasificación. Además, ya tenemos otra inversión importante que nos aportará unas 20 unidades de bombeo para remodelar las estaciones que permiten impulsar el agua."

La meta es clara. Según defiende el ingeniero Joel Portuondo, director de operaciones: "El objetivo final es alcanzar un trabajo más preciso y con mayor calidad para satisfacer al pueblo".

Aquí todo el mundo cobra por resultados y se le paga bien el sobrecumplimiento, con estimulación de 10 CUC per cápita (por el plan de la sal para consumo social). No se ve a nadie con los brazos cruzados, todo el mundo está para su trabajo, opina Froilán Trujillo.

Yolaida Martínez, trabajadora del lugar, le da la razón: "Cuando un equipo está bien acoplado todo sale a las mil maravillas. Al principio, el trabajo me resultaba difícil, pero le he ido cogiendo cariño. Siempre tratamos de sobrecumplir la norma, que es de una tonelada por persona, para alcanzar las 16 o 17 toneladas en una mesa de diez compañeros."

De testimonios como estos se deduce que la producción no es el punto crítico cuando de carestías de sal se trata.

"Nosotros trabajamos las 24 horas de los 365 días del año", afirma Froilán. Para poder mantener el flujo productivo, semanalmente tendríamos que trasladar 1 750 toneladas."

Pero ahí está el factor de retrasos que perjudica: problemáticas relacionadas con el transporte, principalmente ferroviario, son las que dificultan, a veces, que la sal llegue adonde debe.

 

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