INVESTIGACIONES     

(8 de enero de 2011)

Quitar barreras a la generalización

Yudy Castro Morales

Las potencialidades del Instituto de Investigaciones de la Industria Alimentaria (IIIA) están muy lejos de recibir el máximo aprovechamiento, criterio con el cual coincide la doctora Lourdes Valdés Fraga, directora de ciencias de la institución.

Fotos: Ismael Batista Las potencialidades del Instituto de Investigaciones de la Industria Alimentaria aún están muy lejos de recibir el máximo aprovechamiento.

En sus instalaciones laboran 75 investigadores, de ellos 30 doctores en ciencias y 40 másters. Todo un capital humano capacitado para enfrentar sin tibieza los problemas asociados a la producción de alimentos y, sobre todo, contribuir a la búsqueda de alternativas nacionales que ayuden a resarcir los bolsillos de la economía.

Sin embargo, las empresas no hacen suficiente uso de la capacidad investigativa del centro y de sus resultados científicos para solucionar determinadas deficiencias del sector.

Fotos: Ismael Batista En la planta de cereales se elabora una gama de productos ricos en fibras y libres de colesterol.

Muchas entidades solo acuden a nosotros cuando se trata de un proyecto imprescindible, y en ocasiones, aun siendo una urgencia de la industria, la aplicación queda relegada por carencia de materias primas, incapacidades tecnológicas o simplemente por tabúes mentales, indicó.

En pos de nuestra soberanía alimentaria, ¿cuánto no podría aportar el IIIA, si la generalización de nuevos conocimientos dejara de ser una carrera de obstáculos?

Comenta la doctora Valdés Fraga que en la rama cervecera, por ejemplo, la entidad tiene resultados importantes. Sin embargo, quienes toman las decisiones no los acompañan. Asimismo, la no planificación a tiempo de los insumos requeridos limita la introducción de los estabilizadores en la producción láctea.

También reconoce que a muchos científicos les falta agilidad a la hora de ofrecer respuestas; a veces demoran en brindar alternativas, llegar a la base y convencer.

No obstante, los investigadores del IIIA continúan enfocando sus estudios hacia las necesidades puntuales y el desarrollo perspectivo de la industria, sin descuidar la docencia y la elaboración en pequeña escala de algunos surtidos, entre los cuales figuran tres soportes nutricionales destinados a las salas de terapia intensiva y a los niños intolerantes a las proteínas lácteas.

Justo en el 2010, advierte, el Instituto desarrolló la fórmula de la leche en polvo fortificada que hoy se oferta a los infantes hasta los 12 meses de nacidos, la cual cubre el 100% y el 50% de los requerimientos de hierro y zinc, respectivamente, y constituye un encomiable trabajo desde el punto de vista nutricional para la población infantil.

Asimismo, introdujo la tecnología para la obtención de pulpa de ajo y cebolla, que permitió sustituir las importaciones de estos condimentos deshidratados y, mediante el uso integral de la sangre, fue elaborado el Bioestimulín, un suplemento nutricional dirigido a combatir la anemia por deficiencia de hierro.

Entre los proyectos previstos para el año recién iniciado aparece un programa dedicado al desarrollo de la industria cárnica, basado en la elevación de los rendimientos y en un mayor empleo de los subproductos, incluso las cifras de aprovechamiento ya forman parte de los controles técnico-productivos de la Unión de la Carne.

La determinación de la capacidad antioxidante de las frutas y vegetales, y su influencia en la prevención de enfermedades cerebrovasculares, cáncer y en la elevación del sistema inmune, constituye otra importante línea de investigación.

Se trabaja, además, en el aumento del valor nutricional de los alimentos horneados y el empleo de nuevas materias primas con vistas a la disminución del consumo de harina de trigo en ellos; resalta el interés por el desarrollo de la chocolatería artesanal y el mejoramiento de la calidad de los productos de la soya.

Igualmente, la planta de olores y sabores, la cual suministra más del 50% de los insumos que de este tipo se utilizan en la industria, labora en la obtención de nuevas variedades a partir de frutas naturales cubanas, para evitar las costosas compras en el exterior.

Tampoco falta un estudio afín con el medio ambiente, orientado hacia el tratamiento de los residuales y la reducción del consumo de energía mediante el uso de los desechos.

A juzgar por el volumen de pesquisas en curso, pareciera que no le asisten contratiempos al IIIA; sin embargo, ya es hora de enfocar los análisis desde la generalización y aplicación concreta de los conocimientos, como único medidor posible del aporte científico al progreso industrial.

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