No gastar un centavo sin respuesta productiva

Freddy Pérez Cabrera

SANTO DOMINGO.— Los trabajadores del Centro de Producción y Desarrollo (AGROFAR), en este municipio villaclareño, demuestran cada día que donde impere la racionalidad y la disciplina consciente pueden alcanzarse resultados productivos relevantes de manera sostenida.

Santo Domingo posee una de las biofábricas de la Unión Agropecuaria Militar (UAM) en el país.

Este centro aplica desde el 2000 el Sistema de Perfeccionamiento Empresarial, palanca fundamental para la obtención de indicadores productivos y económicos alentadores, y la cohesión de un colectivo plenamente identificado con los objetivos planificados. La totalidad de los trabajadores percibe una remuneración vinculada a los resultados.

El pasado año obtuvieron ganancias cercanas al millón de pesos y disminuyeron el costo por peso a 77 centavos.

El secreto, según su director Tito Abelardo Artiles, ha sido el sistema de trabajo implantado, caracterizado por el control y una estructura de dirección muy simplificada, en la cual no existen eslabones intermedios que entorpezcan las labores.

Además, existe una regla de oro en la empresa, no gastar un centavo si este no va a tener una respuesta productiva. Otra de las claves de los éxitos económicos de la institución es la utilización de la ciencia y la técnica en aras de impulsar la base productiva, de ahí la integración con distintos centros científicos del país, en especial con el INIVIT, al que consideran parte de la familia.

Resultados de esta unidad son la finca de semilla que los autoabastece a ellos y a otras entidades del sistema de la Unión Agropecuaria Militar, además de una moderna biofábrica capaz de producir clones de plátano y de malanga de la mejor calidad.

Entre las principales actividades cuentan también la producción pecuaria y la de arroz, viandas y hortalizas.

Manuel Mirabal, el jefe de producción de AGROFAR, refiere que en aras de la diversificación, también han incursionado con éxito en la rama porcina.

Asimismo, han impulsado la cosecha de frutales, entre ellos, la piña, de cuyo cultivo se consideran impulsores en el territorio dominicano, aparte de la guayaba y la fruta bomba, los más extendidos.

En la rama de cultivos varios siembran diferentes variedades de plátano, yuca, boniato y calabaza, así como distintos tipos de hortalizas como el tomate, pepino, col, zanahoria y otras, algunas de las cuales contribuyen a sustituir importaciones al ir a parar al turismo.

También han intensificado la propagación de granos, entre ellos el frijol, cultivo que promedió 1,27 toneladas por hectáreas, a pesar de producirse sin fertilizantes ni productos químicos, además del maíz que igualmente alcanzó altos rendimientos y el arroz.

 

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