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Molinos que también “dan leche”
Pastor Batista Valdés
LAS
TUNAS.— Aunque a algunas personas les parezca "cosa de tiempos
pasados", el molino de viento sigue acentuando su valor práctico
aquí, sobre todo en el ámbito ganadero.
Datos aportados por Manuel Mariño Cordoví, del departamento de
agrotecnia y alimentación en la subdelegación provincial de
ganadería, dan cuenta de 934 molinos asentados en el sector
agropecuario estatal y privado de la geografía tunera.
No todos funcionan, es cierto. Pero que hoy muevan sus aspas,
extraigan agua y resuelvan necesidades 865 de esos 934 equipos, es
un indicador del trabajo que ha realizado esta provincia. Valga
recordar que a su paso el huracán Ike se ensañó contra casi 400
máquinas de ese tipo en el territorio.
De hecho municipios como Manatí y Jesús Menéndez (entre los más
perjudicados) todavía arrastran dolorosas secuelas.
La provincia, sin embargo, no renuncia al empleo de tan
provechosa e inocua alternativa. Tampoco quedan muchas opciones de
donde escoger. La inexistencia de grandes ríos, el pobre régimen de
lluvias, las insuficientes reservas en los embalses y otras
adversidades naturales obligan a acercar a las fuentes cada año a
miles de cabezas de ganado o a suministrarles agua sobre ruedas. Hoy
las estadísticas registran unas 15 000 reses. Hubo momentos en que
esa cifra se multiplicó.
¿A cuánto asciende el gasto en combustible, neumáticos, baterías,
tiempo, salario¼ ?
En cambio, especialistas y conocedores del tema afirman que
usando adecuadamente un buen molino, se le puede garantizar agua a
más de un centenar de animales.
Pero no solo desde ese punto de vista es cada vez más apropiada
esta opción. Mientras una planta o turbina necesita diesel, lo quema
y emite dióxido de carbono hacia la atmósfera, el molino no atenta
contra el medio ambiente: apenas requiere un poco de viento y nada
más (porque se sobreentiende que el manejo, correcto uso, cuidado y
conservación corren a cuenta de la voluntad del hombre).
En todo el Archipiélago hay campesinos y obreros de zonas rurales
que podrían "disertar" acerca de las bondades de esos elevados
"artefactos", no solo bajo la obligada brisa de estos tiempos, sino
también a lo largo de décadas.
Por ello, empresas estatales como la Cuenca Lechera (del
municipio de Las Tunas) y la de Majibacoa, han preparado incluso su
propio personal para el montaje, la sistemática atención o
mantenimiento, y el rápido desmonte de molinos, frente al peligro de
azote directo por parte de huracanes o fenómenos similares.
Y todo ello, se traduce a la postre en lo que al final necesitan
la economía y la sociedad cubana hoy: más leche, mayor producción. |