La avicultura levanta el vuelo

 A menos de dos años de haber sufrido el peor golpe de su historia, la avicultura pinareña vuelve a alcanzar los altos niveles productivos registrados antes de los huracanes

RONALD SUÁREZ RIVAS

Poco a poco, todas las huellas han desaparecido: las naves destrozadas, las jaulas vacías, el sonido de las planchas de zinc batidas por el viento, semejando una triste sinfonía.

Fotos del autor“A pesar del peligro, pues había que trabajar a gran altura, nuestro colectivo asumió la reparación de la fábrica”, recuerda José Alberto.

En los informes y los planes productivos, las cifras son similares a las de hace dos años. Los centros de acopio garantizan el consumo de la provincia, se vuelven a despachar mensualmente más de nueve millones de huevos para la capital del país.

La recuperación de la avicultura pinareña es una realidad inobjetable, aunque a algunos les parezca estar soñando con los ojos abiertos.

No es para menos, el paso demoledor de los huracanes Gustav y Ike, se considera el peor golpe sufrido por la actividad avícola aquí desde su inicio en 1964.

Los daños abarcaron al 77% de la infraestructura y la pérdida de unas 500 000 aves.

CON SUS PROPIAS MANOS

Mientras la escasez de alimentos hacía peligrar la supervivencia de las restantes, en las dos fábricas de pienso de la provincia también se reportaban graves estragos.

La producción actual es similar a la que se lograba antes de los huracanes.

En la Leopoldo Reyes, de San Cristóbal (la primera en echar a andar), los elevadores utilizados para subir la materia prima a los silos quedaron destruidos, y la falta de fluido eléctrico impedía poner a funcionar el resto del equipamiento.

Ante esa situación, tomaron la única decisión posible para reactivar la producción: hacer las cosas a mano.

"Empezamos a mezclar la soya y el maíz con palas. De esa manera llegamos a producir 150 toneladas de pienso", rememora José Alberto Govea, el jefe de la unidad.

Pero para estabilizar el trabajo era imprescindible restaurar las paredes y volver a colocar los 11 900 metros cuadrados de techo que habían salido volando, como si fueran hojas de papel.

"Planteamos que si nos entregaban los recursos, nosotros mismos seríamos capaces de asumirlo con la calidad requerida. Muchos compañeros estuvieron dispuestos a hacerlo, a pesar de no tener experiencia y del peligro de laborar a una gran altura. Creamos varias brigadas y empezamos a trabajar. A los tres meses ya habíamos terminado".

¿LA GALLINA O EL HUEVO?

En las 39 granjas de la provincia, la situación no era menos tensa.

Además de favorecer el desarrollo de la avicultura, la modernización de la incubadora permitiría enfrentar, en mejores condiciones, los estragos de un huracán.

En algunas como la Carlos Marx, de San Cristóbal, hubo que cubrir las jaulas con pedazos de nailon y cargar el agua con cubos, porque el sistema hidráulico quedó inutilizado.

"La reconstrucción de las naves resultó muy difícil, pues tuvimos que emprenderla con los animales adentro", recuerda María Elsa Arrebato, la administradora.

"Afortunadamente logramos salvar las reproductoras. La granja donde estaban ubicadas se destruyó totalmente con el primer ciclón, pero antes del segundo, las evacuamos hacia un lugar seguro. Así pudimos reanudar en breve tiempo la incubación para garantizar el reemplazo de las aves perdidas", comenta Víctor Fidel Hernández, director de la Empresa pinareña.

A pesar de los esfuerzos, la producción sufrió una severa contracción. Durante varios días, el índice de puesta descendió a cero.

No obstante, la situación mejoraría rápidamente. En noviembre comenzó el repunte, con seis millones de huevos (tres meses antes de los huracanes, se obtenían entre 18 y 20 millones), en diciembre se logró casi el doble, y en enero se alcanzaron 16 millones.

MÁS FUERTES QUE ANTES

Después de haber aportado 200 millones de huevos en el 2009 y con posibilidades de rebasar los 212 millones en el presente año, manteniendo indicadores de eficiencia, la actividad vuelve a registrar los niveles que tenía antes de sufrir el embate de los ciclones.

"De las 256 naves a reconstruir, ya tenemos 234 en producción y otras 14 a punto de incorporarse", explica Víctor Fidel.

Sin embargo, tras esa labor tan meritoria hoy se cierne el peligro de una temporada ciclónica que según el pronóstico de los científicos pudiera ser activa.

"Los huracanes son imprevisibles y pueden alcanzar una fuerza enorme, pero hoy la avicultura es más sólida que hace dos años", asegura el directivo.

"A su paso, el Gustav y el Ike encontraron una infraestructura de más de 35 años de explotación, con un deterioro considerable.

"El hecho de haber reanimado el 70% de las naves nos coloca en mejores condiciones de resistir fenómenos similares".

En ello coincide Rodolfo Redonet, jefe de una brigada de mantenimiento que en los últimos 22 meses ha ayudado a rehabilitar las instalaciones de cuatro municipios pinareños.

"Si viene un huracán, va a tener que soplar duro para rompernos las granjas —dice. La mayoría de los techos son nuevos o casi nuevos y están montados sobre estructuras de acero y sujetados con ganchos".

A esto se une la reciente modernización de la fábrica de pienso de Consolación del Sur y de la incubadora Desa 2. Y también el privilegio de contar con hombres y mujeres empeñados en que la avicultura pinareña no detenga su vuelo.

 

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