INVESTIGACIONES     

(2 de febrero de 2013)

  La Biodiversidad hay que preservarla cada día

ORFILIO PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu

El hoy doctor en Ciencias Miguel Ángel Vales García aún recuerda cómo las magníficas clases impartidas por el profesor Sergio González lo hicieron abandonar su aspiración de convertirse en biólogo marino.

Foto: Daysi VilamajóRecientemente el doctor en Ciencias Miguel Ángel Vales García, recibió la Orden Carlos Juan Finlay, de manos de Miguel Díaz-Canel, miembro del Buró Político y vicepresidente del Consejo de Ministros.

"Desde muy joven practiqué la pesca submarina y las actividades subacuáticas en general. Cuando entré en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, en 1968, estaba decidido a estudiar esa especialidad, pero aquellas conferencias me atrajeron tanto que terminé inclinándome hacia la botánica".

Así, cuando terminó la carrera en 1973, Vales fue ubicado en el entonces Instituto de Botánica y casi de inmediato le propusieron trabajar en un tema novedoso y poco conocido en el país: anatomía de las maderas en Cuba.

Cuenta que pronto se vio envuelto en una importante investigación referida a buscar entre los árboles maderables de nuestro archipiélago cuáles reunían las mejores características para emplearse en la elaboración de los lápices que se hacían en la fábrica de esos utensilios escolares, ubicada en Batabanó.

"Por la dureza de la madera importada, a la hora de sacarle filo, las puntas tendían a partirse con suma frecuencia y probamos utilizar el almácigo en su confección. Finalmente logramos superar tal problema y mejorar la calidad del lápiz. En el plano personal ese resultado me hizo comprender que no me equivoqué al elegir mi destino profesional".

Luego vendrían otros proyectos científicos vinculados a determinar cómo cambiaba el sabor de los rones producidos en la Empresa Havana Club, según el tipo de madera empleada en la confección de los toneles, y la causa de que los muebles hechos con la palmita traída de Vietnam denominada malaca, no fueron duraderos en nuestras condiciones ambientales.

Precisamente el estudio de la anatomía de madera de varios géneros de la familia rubiaceas (café) le sirvió para hacer el doctorado en la Universidad de Humboldt, de la extinta República Democrática Alemana, entre los años 1978 y 1982.

MIRANDO AL FUTURO

Investigador Titular del Instituto de Ecología y Sistemática (IES) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, el doctor Miguel Ángel Vales integró el colectivo de profesionales que trabajó en la conformación del Nuevo Atlas Nacional de Cuba, editado en 1989, fue el primer director del Centro Nacional de Biodiversidad creado dentro del IES, y coordinó la realización y terminación del Primer Estudio Nacional sobre Diversidad Biológica de la República de Cuba.

Este resultó uno de los primeros de su tipo hecho en los países en vías de desarrollo, a partir de lo establecido por la Convención de Biodiversidad aprobada en la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, y por sus resultados finales mereció el reconocimiento del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

"Apenas en siete meses y con la exclusiva participación de unos 150 científicos cubanos y más de 80 instituciones nacionales, logramos realizar una suerte de fotografía del conocimiento de la diversidad biológica cubana a todos sus niveles, desde lo genético hasta el paisaje, además de precisar las principales amenazas a nuestra flora y fauna".

"Pudimos identificar entre ellas la fragmentación del hábitat asociada a la actividad humana, principalmente el desarrollo urbano, la agricultura, minería, pesca, la caza y la tala furtiva, así como la presencia de especies exóticas invasoras".

Tan completa y detallada investigación (se describieron también los principales ecosistemas cubanos, y fue dado a conocer el total aproximado de especies de la flora y la fauna inventariados hasta ese momento) mereció Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba en 1997, y el Premio Nacional de Medio Ambiente de ese propio año.

Como señala a Granma el científico, en la actualidad el cuidado y preservación de la diversidad biológica es máxima prioridad del Estado revolucionario, y nadie puede iniciar una inversión en ningún sitio del país sin hacer los estudios de impacto ambiental y disponer de la licencia correspondiente.

"Pero a pesar de tener una situación mucho más favorable a la de 15 años atrás, a nuestra flora y fauna le siguen acechando peligros derivados del manejo inadecuado de recursos naturales, las violaciones del ordenamiento territorial, las pretensiones de producir más alimentos sobre la base de incrementar las áreas de siembra y no de la correcta explotación de las existentes, el uso de agroquímicos y pesticidas, y la introducción de especies invasoras sin control, como ha ocurrido con la claria y determinadas plantas".

El doctor Vales García dedica hoy buena parte de sus esfuerzos a trabajar junto a los campesinos en el desarrollo de los llamados huertos familiares, dirigidos a conservar la agrodiversidad y el conocimiento tradicional, además de propiciar el rescate de especies prácticamente desaparecidas.

Unido en el amor y el trabajo durante más de cuatro décadas con la doctora en Ciencias Daysi Vilamajó Alberdi, afirma que la biología es la razón fundamental de la vida profesional de ambos y les ha facilitado la comprensión y el entendimiento en su relación de pareja.

No duda en manifestar algunas preocupaciones referidas a la reducción del número de biólogos en Cuba, el envejecimiento de buena parte de los profesionales del sector, y las limitaciones existentes para el ingreso de jóvenes graduados a los centros de investigación vinculados con esa ciencia.

Confía en que las dificultades mencionadas puedan superarse y no se pierda el conocimiento atesorado durante muchos años de trabajo en diferentes áreas de estudio de la biología. Como bien expresa, a la biodiversidad hay que salvarla todos los días.

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