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Innovación camagüeyana para ahorrar energía en la
cocina cubana
Miguel Febles Hernández
El espíritu innovador, las ansias de sentirse útiles y hasta un
poco de locura, en el buen sentido de la palabra, unieron a dos
amigos del poblado de Sibanicú, en Camagüey, para concebir, fabricar
y poner a prueba, con excelentes resultados, un aditamento que, de
generalizarse, puede representar un significativo ahorro de
electricidad para el país.
Andrés San Román Cabrera (70 años, carpintero) y Juan Delgado
Medina (55 años, mecánico automotor) son los autores del trabajo
relacionado con la elaboración de un dispositivo que se coloca
debajo de la resistencia de la hornilla eléctrica de 1 200 watt,
para lograr una mayor eficiencia en la cocción de alimentos.
Juan
y San Román, dos soñadores con los pies bien puestos sobre la
tierra.
"Ese fue nuestro principal propósito —comenta San Román—, si se
tiene en cuenta que este es el equipo más gastador de corriente del
módulo entregado a la familia cubana como parte de la Revolución
Energética. Por tanto, nos dimos a la tarea de buscar la mejor
manera de aprovechar el calor que emana de su resistencia.
"Así, haciendo múltiples pruebas, llegamos a la composición que
consideramos más adecuada, a base de barro o arcilla, amianto en
polvo, un poco de miel de purga y agua, todo mezclado en
proporciones bien definidas y llevado a moldes de madera que
elaboramos aquí mismo, en la carpintería."
Tales acciones transcurren en el patio de la vivienda de San
Román, convertido en polígono principal de la experiencia, donde
trabajadores sociales y otros jóvenes de la localidad ofrecen su
apoyo —y aprenden a la vez— en el proceso de confección manual del
aditamento, que dura siete días aproximadamente.
LOS RECIBOS NO MIENTEN
Al obtener resultados positivos con los primeros prototipos, los
dos innovadores decidieron extender el estudio a 31 viviendas del
área residencial de Sibanicú.
"Quizás al principio —recuerda San Román— algunos nos tildaron de
locos o soñadores. Realmente, como decimos los cubanos, nos metimos
en un charco hondo. Sin contar con nadie, fuimos a los edificios,
hablamos con las familias, las convencimos y todas aceptaron
participar en la comprobación."
El experimento comenzó en julio del año pasado y desde entonces,
mes tras mes, se apreció una disminución promedio del consumo por
vivienda entre 18 y 20 kwh, sobre todo entre las familias que
aprovecharon al máximo las bondades del aditamento.
Incluso José Castiñeiras Castro, presidente de la ANIR en
Sibanicú, entusiasmado con la inventiva adquirió un aditamento, y
decidió comprobar si realmente eran tales las ventajas:
"Debo confesarle que desde entonces hago la lectura diaria del
contador, por lo que puedo asegurar que, como promedio, he bajado 1
kwh por día en el consumo, además de su efecto beneficioso en la
protección de la resistencia, los cables, las conexiones y el propio
mueble de la hornilla."
LA IDEA COBRA NUEVOS ADEPTOS
"Nosotros estamos trabajando —enfatiza Juan Delgado— para cubrir
la demanda de Sibanicú. Hasta la fecha, ya se distribuyeron 1 685
dispositivos, con los cuales quedaron selladas siete
circunscripciones de la cabecera municipal."
El propósito, ya en marcha, es preparar nuevos moldes para
extender la producción a los otros seis consejos populares de la
localidad, con el concurso de los trabajadores sociales y el
respaldo de los delegados del Poder Popular. Según cálculos de San
Román, sería suficiente si en cada lugar se elaboraran 40
aditamentos diarios de forma manual.
"Mientras más rápido lo generalicemos —asegura el veterano
innovador— mayor será el ahorro para el país. Solo en Camagüey se
distribuyeron más de 236 000 hornillas."
especialistas de varias provincias se han interesado en el asunto
y comienzan a elaborar variantes para generalizar la experiencia.
Sería esta una excelente manera de reconocer, con hechos
concretos, el aporte de hombres como Andrés San Román Cabrera y Juan
Delgado Medina. |