El otro color del marabú

Ortelio González Martínez

CIEGO DE ÁVILA. — Los carboneros siempre se ven envueltos en la rutina de ir, o vivir en el monte; cortar los palos, traerlos al área donde hacen los hornos, pararlos, taparlos con hierba y tierra, darles candela y velarlos durante días.

Todo tiene su ritmo y maña, solo que los de esta historia son especialistas en hacerlo de marabú, una planta abundante en los campos de Cuba.

Fotos del autorEn el tapado del horno también está uno de los secretos de la buena quema.

La empresa de cítricos de Ciego de Ávila es la rectora de un proyecto sui géneris que agrupa a más de 2 000 productores avileños, espirituanos, camagüeyanos y granmenses.

Diseminados por toda la provincia andan estos hacedores de carbón. Cualquiera se los encuentra en Tabor, Ceja los Cocos, Miraflores, El Mamey, Enriqueta, La Isabelita, Marbella¼ y muchos otros lugares de estos cuatro territorios.

Hace varios años, José Estévez Pérez Columbié (Cheo), dejó el Kamaz en la Empresa Azucarera Ecuador y decidió adentrarse en la soledad del monte. La primera quemada fue de solo nueve sacos y hoy hace hornos que superan en diez y más veces esa cantidad.

Hace mucho tiempo, afirma, que hago carbón para la empresa citrícola. Nos sentimos comprometidos porque nos dan buena atención a quienes desempeñamos este oficio en la primera línea de la lucha contra el marabú.

"Cada vez hay que buscar los palos más lejos. En ocasiones llegamos a una zona y está ‘agujereá’, pero tenemos el compromiso moral de no descansar y así nuestro trabajo diario se corresponde con el salario que nos pagan, en ocasiones superior a los 1 500 pesos al mes".

Con los puntos de estímulo que le da la empresa ha cubierto algunas necesidades de él y su familia, pero hay que trabajar duro, muy duro.

Y para corroborar la afirmación, sentencia de Rafaela Velásquez Lores, lo primero es tener el valor de levantarse a las cuatro o las cinco de la mañana, y comenzar a picar el marabú, burrearlo. A veces son las tres de la tarde y no has terminado.

MÁS DE LOS BUENOS

Los hermanos Ramón y Pedro Velásquez Lores, otros de los buenos productores, observan el horno que tienen listo para taparlo con hierba y tierra. Ramón asevera: "Es como un rompecabezas. Cada palo tiene su lugar, por muy jorobado que esté, pero lo más molesto son las noches de desvelo para evitar que se te vuele".

Parar un horno no es muy difícil. Lo hacen en un día, quizás dos o tres en dependencia del tamaño, lo importante es aprender los secretos del oficio.

Según la regla, no se debe apurar para que queme rápido. Quien lo haga, corre el riesgo de que el carbón le salga "bolao", hecho ceniza. Entonces es bajo el rendimiento y la calidad se resiente. No sirve, mucho menos para la exportación que es el destino final del carbón.

El ingeniero agrónomo Jorge Sánchez González, director de exportación de la empresa de cítricos de Ciego de Ávila, argumenta que lo más importante de esta actividad es que se han liberado considerables extensiones de tierra en respuesta al llamado que hiciera Raúl el 26 de Julio del 2007, en Camagüey.

Valen, entonces, las noches de desvelo de estos hombres a quienes ahora solo les preocupa que los terrenos rescatados vuelvan a infestarse ante el descuido de las entidades estatales y otros propietarios.

 

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