INVESTIGACIONES     

(19 de enero de 2013)

  El mayor premio es la aplicación

ORFILIO PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu

Para el doctor en Ciencias Ricardo Martínez Sánchez, la Química ha sido la gran pasión de su vida en el plano profesional, desde que en 1963 empezara a estudiar la carrera en la Universidad de La Habana (UH).

Foto : Yaimí RaveloDoctor en Ciencias Ricardo Martínez Sánchez, Premio Nacional de Química 2012.

"He vivido enamorado de esta disciplina que me ha proporcionado momentos sumamente felices en mi labor investigativa y docente, pero también no pocas amarguras, sobre todo cuando un resultado validado queda sin aplicarse, o permanece en el olvido".

Nacido en el capitalino municipio de Regla hace 66 años, el también profesor titular de la Facultad de Química de la UH acaba de merecer el Premio Nacional de esa esfera, por su meritoria obra a lo largo de más de cuatro décadas.

Baste mencionar que Martínez Sánchez tiene tres Premios Nacionales de la Academia de Ciencias de Cuba (2004, 2005 y 2008), e igual número de lauros otorgados por la casa de altos estudios. Es autor, además, de seis patentes, y ha tutelado 40 trabajos de diploma, seis maestrías y tres doctorados. También figuró entre los químicos cubanos más jóvenes en obtener el Doctorado en Ciencias de Segundo Nivel en la alemana Universidad de Jena, y es miembro permanente del tribunal para la defensa de ese grado académico en nuestro país.

Asimismo, ha impartido numerosas conferencias en universidades y centros de investigación de Alemania, Brasil, Chile, España y México. Ostenta la Orden Carlos Juan Finlay, máxima condecoración otorgada por el Consejo de Estado en el campo de la ciencia, y la Frank País.

Sus aportes científicos incluyen la determinación en la década de los setenta del pasado siglo de las causas que ocasionaban la ruptura prematura del calzado plástico para hombres fabricado en el país y la eliminación de ese problema, así como el empleo de nuevas formulaciones de pegamento en los trabajos de encuadernación, que permitió incrementar la calidad de los trabajos con menor costo.

En la relación aparecen la obtención de un vidrio de calidad óptima destinado a confeccionar lentes de contacto duros, inventiva que propició hacerlos en Cuba con un material sustituto en una época en la cual no se dispuso del material importado para fabricarlos, y el haber logrado proteger los pegamentos de las cajas de cartón ondulado contra la humedad, dificultad que ocasionaba grandes pérdidas en las exportaciones de cítricos.

Más reciente es el auto principal del fertilizante de urea furfural de liberación controlada, desarrollado a finales de la última década del pasado siglo por especialistas del Instituto de Ciencia y Tecnología de los Materiales (IMRE), de la UH, con la colaboración del Instituto Cubano de Investigaciones de la Caña de Azúcar (ICIDCA).

Las pruebas hechas en el cultivo del fríjol, maíz y arroz mostraron resultados favorables, principalmente en este último renglón, donde los rendimientos crecieron hasta en un 20 % (alrededor de media tonelada por hectárea).

Como reflejó Granma en marzo pasado, a pesar de tan promisoria perspectiva, el fertilizante denominado DFTU nunca fue sometido a las validaciones pertinentes para completar la cadena de eslabones dirigidos a permitir su introducción y generalización por parte de quienes en aquel momento dentro del Ministerio de Agricultura debían propiciar ese proceso.

Según expresa el doctor Ricardo Martínez, lo sucedido con el DFTU y otros resultados sin aprovechar parte de que al menos hasta ahora, las instituciones científicas de la Universidad carecen de recursos para cerrar el ciclo completo, es decir como investigadores "no tenemos posibilidad alguna de hacer producciones en gran escala y llevarlas a probar al surco, si no tenemos el respaldo de los empresarios y productores".

"Creo que hace falta un cambio de mentalidad para que comprendan hasta qué punto la sostenibilidad económica depende de la generación de nuevos conocimientos, tecnologías, y que en nuestros centros pueden encontrar soluciones factibles a muchos de sus problemas.

"Nosotros debemos saber cuáles son las necesidades que ellos tienen y a partir de eso ponernos a trabajar en función de resolverlas, lo cual pasa, además, por buscar entre ambas partes las formas de obtener el financiamiento necesario para desarrollar y aplicar un producto. Hace falta lograr una comunicación más efectiva y dinámica entre la universidad y la empresa".

Defiende a capa y espada la importancia estratégica de las ciencias básicas para la soberanía científica y tecnológica del país. Como bien sostiene, además de garantizar la mejor preparación integral del profesional, son ellas las que aportarán las innovaciones e impactos tecnológicos del mañana.

"Por eso me preocupa que la actividad científica se mire con el criterio estrecho de que lo principal es generar ingresos de inmediato, y que solo en tales áreas deban concentrarse los mayores recursos".

Cerca de entrar en la séptima década de vida, el profesor Martínez Sánchez mantiene una apreciable vitalidad en la investigación y quiere ver convertidos en realidad varios de los proyectos en los cuales trabaja hoy, entre ellos el referido al desarrollo de nanopartículas magnéticas recubiertas con un polímero modificado, para usarlas en la purificación de aguas contaminadas.

Más allá de sentir particular regocijo por haber recibido el Premio Nacional de Química, no vacila en responder que el mayor reconocimiento que pueda tener un investigador es ver sus resultados aplicados y dando los beneficios esperados a la sociedad.

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