INVESTIGACIONES     

(7 de enero de 2012)

El empedrado camino de la generalización

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Los centros de investigación pertenecientes a la Universidad de La Habana (UH) aportan como promedio alrededor de un 25 a un 30 % de los premios nacionales anuales conferidos por la Academia de Ciencias de Cuba.

foto: Raúl López Doctor en Ciencias Ernesto Estévez Rams, director del IMRE.

Tan notable caudal de conocimientos podría contribuir mucho a modernizar las industrias, suplir carencias de la población, aumentar la competitividad de amplios sectores productivos, generar empleos, y evitar la compra en el exterior de una gama de artículos que podrían fabricarse en el país.

Sin embargo, buena parte de ese cúmulo de resultados engrosan la lista de las llamadas "soluciones engavetadas", o simplemente son aplicados en lugares puntuales, dejando de tributar los beneficios esperados a la sociedad.

Ello impide a los autores recibir el más preciado estímulo para cualquier científico: la generalización de sus aportes.

Trece meses después de haber abordado el asunto en esta propia página, Granma intercambió con el Doctor en Ciencias Ernesto Estévez Rams, director del Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales (IMRE), de la UH, centro que acapara más de 35 Premios Nacionales de la ACC en el último decenio y es un paradigma de la actividad investigativa de primer nivel.

¿Cómo valora la situación actual de la introducción de logros en ese ámbito?

"Se observa un cambio de actitud en nuestro ministerio (Educación Superior), el cual está impulsando un vuelco al estado de inmovilidad al que habíamos llegado. Es justo reconocer la existencia de una voluntad para eliminar las barreras que posibiliten aprovechar al máximo el enorme potencial científico presente en las universidades, algo distante de alcanzar hoy."

Fuera del mencionado organismo y desde mi perspectiva particular, observo solo tímidas señales de cambio de mentalidad en este asunto. También toca a los científicos el ver a la innovación como parte integrante del ciclo de investigación-desarrollo, manifestó.

"En la no aplicación de los resultados influye la falta de una cultura científica en los empresarios y productores, quienes no acaban de comprender en la práctica hasta qué punto la sostenibilidad económica depende de la generación de nuevos conocimientos, tecnologías, y que en nuestros centros pueden encontrar muchas soluciones factibles a sus problemas."

Según comenta el doctor Estévez, aún no hemos logrado una comunicación efectiva entre las universidades y las empresas, y persisten las dificultades referidas a las formas de obtener el financiamiento necesario para desarrollar e introducir un producto.

"Debemos reconocer que la desconfianza y la inercia mostrada por algunos productores tienen parte de su origen en que no siempre el resultado fue logrado con el rigor necesario, se violaron pasos indispensables en el tránsito del laboratorio al escalado industrial, los estudios económicos que avalan la factibilidad de la propuesta de generalización no se llevaron a cabo de manera correcta, y en no pocos casos hubo demasiado triunfalismo. Al final, lo obtenido quedó por debajo de las expectativas creadas."

Es cierto que no siempre la ciencia se pone completamente en sintonía con las demandas del desarrollo económico, como tampoco se complementa con la adecuada planificación que asegure su implementación.

"En el caso particular del IMRE tenemos varios productos para la agricultura que obtuvimos hace varios años y aún siguen sin aplicarse, a pesar de las mejoras introducidas para abaratar de manera notable los costos y garantizar su introducción masiva con un mínimo de recursos."

Mencionó entre ellos el fertilizante de urea furfural de liberación controlada (se vende a precios muy elevados en el mercado internacional), capaz de asegurar por un tiempo prolongado las concentraciones adecuadas de ese nutriente en el suelo.

Aparece, además, un bioestimulador natural del crecimiento para hortalizas, caña de azúcar, cítricos y plantas aromáticas, obtenido a partir del henequén y la cera de la abeja, con toda la tecnología disponible dirigida a propiciar su generalización.

Son dos ejemplos de avances logrados en el IMRE que todavía esperan por ser introducidos. No se trata de plantear que son lo máximo para la agricultura, pero las pruebas realizadas hasta la escala de producción piloto mostraron perspectivas promisorias con aumentos significativos en la productividad y reducción de los volúmenes de fertilizantes empleados.

¿Qué otros problemas presenta la investigación científica en los predios de la Universidad?

"Pienso que hay un retroceso a nivel nacional, incluso en estructuras de dirección, sobre la comprensión de la importancia vital de las ciencias básicas; existe una tendencia a relegarlas basada en el criterio estrecho de que lo esencial de la actividad científica es potenciar las fuerzas productivas y generar ingresos de inmediato."

Desafortunadamente se pasa por alto su carácter estratégico para el desarrollo sostenible y la soberanía científica y tecnológica de la nación. Son ellas las que tributan las innovaciones y los progresos tecnológicos del mañana, subrayó el doctor Estévez.

"La ausencia de una ciencia básica fuerte e imbricada con la educación universitaria, pre y postgraduada, conduce a la falta de rigor y capacidad de evaluación, al empirisimo, a tener un profesional insuficientemente preparado que trabajará con profundas carencias formativas. Pero la ciencia básica es también ideología y tiene un papel importante que desempeñar en la batalla ideológica de la Revolución."

"A pesar de los pasos emprendidos por la actual dirección del MES para intentar revertirlo, en sentido general los centros de investigación de la UH siguen enfrentando un proceso de descapitalización de los recursos humanos y deterioro de las instalaciones."

Como expresa el director del IMRE, resolver esta situación rebasa las capacidades económicas y financieras del mencionado ministerio.

El país tiene hoy dificultades en el orden financiero y debe garantizar prioridades, pero como dice el doctor Estévez "sin una inversión mayor destinada a fortalecer la infraestructura científica de las universidades, corremos el riesgo de perder la capacidad de generar conocimientos, de formar a los profesionales de primer nivel que necesitamos, a que sigan desapareciendo algunas escuelas de conocimiento que teníamos en el país —como por ejemplo en la cristalografía y la microscopía—, e impedir el surgimiento de otras imprescindibles en la actual etapa de la revolución científica y tecnológica".

Dijo que se impone revisar determinadas barreras legales y económicas que desestimulan a los investigadores a insertarse en la innovación.

"Quienes crean una tecnología no pocas veces tienen que asumir las gestiones de compra de los envases, buscar y poner las etiquetas, cargar el producto, transportarlo, y, sin embargo, no reciben ninguna remuneración adicional por todo eso. También ocurre que las empresas exigen la transferencia gratuita de tecnologías y eso hay que pagarlo. De lo contrario, nuestra labor se hace insostenible, pues nos limita la adquisición de los medios necesarios para seguir investigando, además de causar dificultades a la hora de firmar los contratos", sentenció Estévez.

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