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Refractarios Habana
Donde la divisa nace bajo el fuego
Joel Mayor Lorán
Joel@granma.cip.cu
Están hechos para soportar el fuego sin alterarse. Son estupendos
aislantes térmicos. Por tanto, los materiales refractarios resultan
esenciales en la producción de petróleo, azúcar, acero o cemento, y
en la generación de energía.
MÁS TONELADAS
No importan temperaturas de hasta 2 000 grados Celsius o el
ataque por fundidos, los refractarios consiguen resistir sin
alteraciones significativas en sus propiedades físico-químicas.
Aunque el calor sea extremo, estos impiden que se transmita a las
planchas de acero, de ahí que la Antillana de Acero y ACINOX Tunas,
entre otros, persistan como fieles clientes de Refractarios Habana.
También
fabrican piezas especiales según el pedido de los clientes. Por las
buzas para máquinas de vaciado continuo pasa el acero fundido a 1
750 grados Celsius.
La entidad ubicada en el municipio habanero de Güines planea
producir poco más de 6 000 toneladas este año, cantidad con la cual
ahorrará gastos en divisa al Estado cubano. Mas, lo cierto es que
todavía queda muy distante de las 20 000 necesarias para abastecer a
una amplia gama de industrias.
Por la importancia de estas producciones para la economía
nacional, el proyecto aprobado entre el Ministerio de Energía y
Minas de Venezuela y el de la Industria Sideromecánica (SIME), para
ejecutarse en el 2011, prevé una significativa inversión con la cual
satisfacer no solo la demanda interna, sino exportar 10 000
toneladas, sostiene Humberto Castañeda, director general.
El acuerdo adoptado durante la más reciente reunión de la Alianza
Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), desencadenó
nuevos estudios a fin de aumentar la producción de la planta con
mayor eficiencia, y en tres años recuperar lo invertido.
Con
la modernización de las prensas, y la consiguiente automatización
del proceso se elevará la productividad.
MENOS GASTOS
"Uno de los retos principales consiste en reparar el horno
rotatorio —en estos momentos no funciona—, a fin de trabajar con
materias primas nacionales, pues la chamota a la que hemos recurrido
hasta ahora para fabricar los refractarios se compra en el exterior,
a un precio de 400 dólares por tonelada", asegura Castañeda.
"Sin embargo, pudiéramos obtenerla al calcinar el caolín
procedente del municipio especial de Isla de la Juventud. Costaría
apenas la mitad y sería competitiva para exportar.
Los
materiales refractarios resultan esenciales en la producción de
petróleo, azúcar, acero o cemento, y en la generación de energía.
"Además, emprenderíamos la modernización de las prensas, de
manera que con la automatización eleven la productividad. Y con una
prensa de 1 800 toneladas (la actual es de 800) comenzaremos a
aceptar pedidos para clientes no habituales hoy, entre los que
destaca la industria del níquel".
Pero en Refractarios Habana el afán de ahorro no es nuevo, hace
tiempo intentan crear un mecanismo para que la Agricultura les venda
uno de sus desechos productivos: la ceniza de la paja de arroz.
"Ella nos garantizaría materia prima con la cual elaborar un polvo
de cobertura empleado en la producción de acero, que hoy cuesta 400
dólares la tonelada", subraya el director.
"El MINAGRI también ganaría pues le compraríamos ese desecho",
afirmó.
MUCHA VOLUNTAD
Al momento de la visita de Granma, era al joven operador
Daniel Fajardo a quien correspondía mantener la curva de temperatura
de cocción en el horno. Aprendió de sus compañeros de mayor
experiencia que no solo los materiales refractarios han de resistir
el calor y rendir más.
Los obreros superan el fuego a fuerza de voluntad y reducen el
horno a su antojo, hasta lo acortaron seis metros para que fuera más
eficiente: en lugar de las precedentes 48 toneladas de ladrillos,
lograron extraer 58 con cuatro toneladas menos de combustible.
En el área de Piezas Especiales también idean diversas
soluciones, moldes según el pedido de los clientes, sea Vidrios La
Lisa, la acería de Las Tunas, Cerámica Blanca...
Así han nacido boquillas de
inmersión o buzas para máquinas de vaciado continuo, por las que
pasa el metal fundido a 1 750 grados Celsius.
"Las importadas duran seis coladas y estas solo dos, pero
resuelven el problema ante la demora en la llegada de las otras, y a
un precio mucho menor", señala Juan Pedro Díaz, jefe del taller de
Alta Alúmina.
La tenacidad lleva a este colectivo a unir el espíritu de
diferentes generaciones: trabajadores que vieron surgir y ahora
reanimarse la industria, y otros como la joven ingeniera Janly
López, primera mujer al frente del área de Mantenimiento. Por eso
ostentan la condición de Vanguardia Nacional y la Bandera de honor
de la UJC.
Juntos superan cualquier tipo de escollo para producir ladrillos,
pastas y morteros, hormigones, piezas especiales...
con tal de que bajo el fuego de los hornos puedan nacer y hasta
multiplicarse las divisas que requiere el país. |