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Salideros ¿Con el
agua al cuello?
Más del 50% del agua bombeada no llega al
destino previsto. Percepción equivocada de que el estado es quien
debe resolver los salideros de las viviendas. Para dar servicio hoy
se gasta el doble del agua necesaria. Hay soluciones, pero no
inmediatas
Lianet Arias Sosa y
Lourdes Pérez Navarro
Por el goteo de una llave se pierden
500 litros de agua en un día, 15 000 en un mes; por un inodoro, 5
000 litros diarios, 150 000 mensuales. Son fugas hidrosanitarias que
pudieran solucionarse con una zapatilla, un meruco, un
flotante...¿No hacerlo es señal de indolencia o de carencia de
medios y recursos?
En
la esquina de 21 y J, en el Vedado, de un “surtidor” sale abundante
agua que corre calle abajo.
Cuba cumple con las normas internacionales: más del 95% de la
población tiene acceso al agua potable. El 74% tiene conexión
intradomiciliaria, el 5% la recibe por fácil acceso (pilas públicas,
pozos para varias familias) y el resto por servicio de pipas.
Dulce, potable, bendita. Durante siglos han sido muchos los
adjetivos destinados a precisar la calidad del vital líquido, sus
condiciones para ser ingerida y hasta una posible naturaleza
mística. Mientras algunos auguran el estallido de guerras en pos de
dominar ese recurso, nuestras calles, a ratos, parecen llorar.
Las
tuberías de 90 milímetros, utilizadas en la sustitución de redes
hidráulicas de acueductos, son fabricadas en Hidroplas, en Ciudad de
La Habana.
Hasta el cierre de octubre el Grupo Empresarial de Acueducto y
Alcantarillado (GEAAL), perteneciente al Instituto Nacional de
Recursos Hidráulicos (INRH), suprimió 188 015 salideros en todo el
país; como promedio 18 000 mensuales, quedando pendientes una media
de 5 000 cada mes.
Las fugas en las redes están asociadas fundamentalmente a su
tiempo de explotación que, en muchas ocasiones, oscila entre 50 y
100 años, a lo que se suma la diferencia de materiales y técnicas
empleados, afirmó a Granma el ingeniero Javier Toledo,
director adjunto del GEAAL.
Durante muchos años, el Grupo ha tratado de eliminar las fugas de
manera puntual, lo cual — indicó—, no resulta una solución
sostenible. Al tratar un salidero en una línea de tubería el
problema simplemente se desplaza. Reparada la primera fuga, el nivel
de deterioro conllevará a que, en cualquier tramo a continuación,
surja una nueva, pues la presión de agua aumenta en el sitio
reparado. "Es la historia de nunca acabar", señaló. La solución, por
eso, está en rehabilitar las redes.
Nuevas
redes por donde corra el agua
El país ha elaborado un programa para dar solución definitiva a
este problema de manera estratégica, dirigido básicamente a la
rehabilitación de las redes de acueducto, en un plazo previsto de
entre 10 y 15 años.
En
el reparto capitalino de Cojímar se está sustituyendo la red
completa; con ello van eliminando los salideros.
Rehabilitar implica cambiar todas las redes de una ciudad o parte
de ellas. Un sistema de acueducto típico posee una fuente de abasto,
una conductora, una red de distribución. La inversión podría
sustituir, por ejemplo, toda la red de distribución, toda la
conductora e, incluso, ambas. Tal labor recae en el Instituto
Nacional de Recursos Hidráulicos.
Ernesto Duarte, jefe del departamento de Balance y Construcción
de la Dirección de Inversiones del INRH, explicó que las ciudades
más afectadas por daños graves en las redes son Santiago de Cuba,
Ciudad de La Habana, Holguín, Camagüey y Las Tunas. Esas urbes son
prioridad en el proceso inversionista.
¿Sabía
que por esa “insignificante” gota se pierden 500 litros de agua
diariamente, 15 000 al mes?
En Ciudad de La Habana — donde según el plan pretenden
rehabilitar unos 2 500 kilómetros de redes en unos cinco años—,
pequeñas porciones de los municipios de La Habana del Este, San
Miguel del Padrón, 10 de Octubre, Cerro, Arroyo Naranjo y Boyeros
han iniciado este proceso. Centro Habana y La Habana Vieja
(territorios críticos) poseen redes soterradas y sitios con valor
arquitectónico. "Ahí realmente la rehabilitación será mucho más
lenta", acotó Duarte.
Aún con los altísimos niveles de fugas, inversiones como las
realizadas en la presa El Gato han garantizado la distribución del
líquido (con irregularidades) en la Ciudad, al menos tres o cuatro
horas diarias. "Las redes capitalinas no están en condiciones de
recibir agua las 24 horas, debido a los salideros. Y no solo en las
calles; van ahora a ver cisternas de edificios que no tienen
flotantes, mientras el agua se bota. Hay una indolencia muy grande",
apuntó Caridad Lanier, directora de Mantenimiento y Logística del
Grupo.
Pero la peor situación persiste en Santiago de Cuba. Algunas
personas, a veces, dejan de recibir agua durante varios días. Allí
no solo se deterioraron las redes, sino las conductoras que tributan
a ellas. El Instituto espera concluir las obras en esa ciudad antes
de noviembre del 2010.
Hace
falta que la población tenga más acceso a los recursos para asumir
la reparación.
Paralelamente, este año se trabaja en territorios como Baracoa
(Guantánamo), Jagüey Grande (Matanzas), Urbano Noris (Holguín) y
Segundo Frente, en Santiago de Cuba. Los salideros puntuales son
asumidos por brigadas de mantenimiento y reparación del GEAAL; las
obras mayores las ejecutan empresas de Recursos Hidráulicos y del
Ministerio de la Construcción.
Los hombres están, también los recursos, aunque no todos: el
equipo de excavación sigue siendo un eslabón débil, y para arreglar
el salidero hay que abrir zanjas. Esa labor se realiza, en lo
fundamental, manualmente, lo cual merma la eficiencia de las
brigadas.
Para llevar a cabo el programa de rehabilitación, fueron
construidas en el país tres fábricas de tuberías de polietileno de
alta densidad de entre 16 y 1 000 milímetros, lisas y corrugadas.
Están ubicadas en Ciego de Ávila, Holguín y Ciudad de La Habana, y
cubren las demandas planificadas.
Leodán Vázquez, director técnico de la capitalina Hidroplas,
señaló que el destino principal de la producción va dirigido a
garantizar el plan de rehabilitación del país, fundamentalmente en
Santiago de Cuba, Holguín y algunos municipios puntuales.
Para el 2010, el Instituto se ha propuesto acometer con tuberías
unos 900 kilómetros en acciones de rehabilitación en todo el país,
lo cual requiere procesar entre 12 000 y 15 000 toneladas de materia
prima. Esto estará en función de la disponibilidad financiera del
país.
Joel Quintana, director general de GEAAL, explicó que rehabilitar
redes no es decir "voy a entrar aquí". Parte de un programa que
prioriza las zonas con mayores problemas en los territorios,
definidas así por el delegado de Recursos Hidráulicos y su equipo de
trabajo, en conciliación con el Partido y el Gobierno de la zona.
Abrir,
reparar y...
tapar
Según explican los directivos, suprimidas las fugas, la apertura
de las calles deviene otro problema en muchas ocasiones. El tape
puede demorar tres o cuatro días, pues deben esperar a que se
suministre agua para comprobar la calidad de la obra. También hay
empresas con déficit de equipamiento, dificultades en su
organización y en la obtención de áridos para tapar.
Ninguna norma establece el término para tal labor, aseguraron los
especialistas del GEAAL. Lo aconsejable, a fin de cuentas, sería que
una vez comprobado el estado de la tubería procedan a cerrar la
abertura y retirar los materiales extraídos en un periodo menor de
48 horas. Sin embargo, en no pocas ocasiones el plazo aumenta, para
disgusto de los pobladores.
Aguas de La Habana, que atiende los municipios capitalinos de La
Lisa, Playa, Plaza, Marianao, 10 de Octubre, Cerro, Centro Habana y
La Habana Vieja, padece contratiempos semejantes.
Al suprimir un salidero, los obreros tapan con un material, se
compacta y luego, con los áridos, realizan la terminación. Se trata
de un producto de las canteras con ciertas características que le
permiten asimilar una adecuada compactación, y evitar así que la
calle quede ondeada o con bolsas.
Puede que dentro de la ciudad exista una cantera con material de
este tipo, pero la asignada a Aguas de La Habana radica en Guanajay.
"Lo que más nos daña es la distancia y el gasto de combustible",
subrayó Alejandro Vilá Noya, director de Explotación de esa entidad.
Ello incide en el malestar de la población, al ver que la grieta "no
se tapa".
El
doble del agua para dar servicio
Bajando por la calle Real, en busca del mar, van los obreros de
la Brigada de Rehabilitación de la Empresa Constructora de Recursos
Hidráulicos con sus equipos. Abren zanjas, colocan tuberías...
llevan el agua a la población del reparto capitalino de Cojímar, que
sufría la carencia del líquido por la existencia de numerosos
salideros y el deterioro de las redes, tras muchos años de
explotación.
La rehabilitación del sistema hidráulico de la zona — incluida la
conductora— comprende la sustitución de 38 kilómetros de redes en un
plazo de 18 meses. Los trabajos comenzaron en septiembre y a inicios
de diciembre ya habían ejecutado alrededor de ocho kilómetros.
El ingeniero Rafael Abascal Hernández, director de Ingeniería de
la empresa Aguas del Este, informó que las labores forman parte de
un programa iniciado en los municipios de La Habana del Este y
Guanabacoa, extendido luego a San Miguel del Padrón y próximamente a
Regla. Persiguen dos propósitos: eliminar tuberías deterioradas y
salideros, así como llegar con el servicio a los lugares donde no
existen redes.
A partir de esas obras se ha podido retirar del plan permanente
de suministro por pipas a un grupo de poblados, lo cual implica el
ahorro de un alto volumen de combustible.
Así lo corroboran Rita Zulema Fernández, María del Carmen Leyva y
Carmen Dorte, vecinas de Real no. 123 entre Río y Chacón. "Antes
entraba el agua una vez a la semana, el resto de los días nos
abastecían con pipas colectivas; ahora entra en días alternos, pero
todavía sin mucha fuerza", dijeron.
Era evidente que ya recibían el servicio: un tubo, al costado de
la ciudadela, no dejaba de verter el líquido que se empecinaba en
formar una lagunilla. En los interiores de las viviendas también
apreciamos otros "surtidores". Los salideros permutaban.
Al arreglar las redes, el problema se traslada de las calles a
los interiores de las viviendas. Sube la presión del agua y
comienzan las fugas: el goteo de la pila por mal estado de la
zapatilla, el tubo podrido, el meruco del baño que no sirve, el
tanque sin flotante... Se dispara el consumo.
Dondequiera que hemos trabajado ha pasado eso, apuntó Ernesto
Duarte, directivo del INRH. Rememora el caso de la ciudad de
Manzanillo. "Rehabilitamos las redes exteriores, pero dentro de las
casas no había una estructura creada; empezaron entonces los
salideros internos. Y, ¿quién resuelve eso?"
La gente espera que el Estado resuelva el problema y eso es casi
imposible, cuando es un asunto que debe enfrentar cada inquilino.
Los salideros más escandalosos están en las calles, porque son
visibles y corren por el pavimento; sin embargo, los de los
interiores de viviendas y entidades laborales se van por los
alcantarillados y pasan inadvertidos. Como dice el refrán: Ojos que
no ven, corazón que no siente.
Pero los acueductos sí lo sienten, y mucho: más del 50% del agua
que bombean se pierde por esas causas. Esto conlleva a un alto
consumo energético. Nuestra empresa — aseguró Alejandro Vilá Noya,
directivo de Aguas de La Habana—, es la segunda mayor consumidora de
energía dentro de la provincia, porque tiene que extraer casi el
doble del agua necesaria que serviría para dar servicio a esta
ciudad.
"Tenemos bajos niveles en las presas por la escasa lluvia; el
manto freático también está bajando. Si no tomamos medidas para
subsanar el problema, el suministro se verá fuertemente afectado,
vamos a tener que alargar los ciclos de entrega", alertó.
Camino
al metraje y las nuevas tarifas
En opinión de los especialistas, las tarifas establecidas para el
cobro del servicio de abasto de agua son simbólicas y están
subsidiadas por el Estado. Un peso al mes por usuario no paga el
combustible empleado por los equipos de bombeo y el cloro para
tratar el vital líquido. Lograr llevarlo hasta una vivienda — aún
cuando el suministro en muchos casos es insuficiente— representa un
gasto importante para el país. Es por ello que abogan por su
modificación, con lo cual pretenden promover el ahorro "tocando el
bolsillo" de la población: tanto gastas, tanto pagas.
Hoy el GEAAL trabaja en la ubicación de metros contadores de agua
en el sector estatal (gran consumidor), labor que esperan completar
pronto.
Quintana, director general de la entidad, explicó que se están
montando algo más de 30 000 metros contadores, cuya custodia es
responsabilidad del usuario. En el sector residencial ya empezaron a
situarlos en las viviendas de los territorios rehabilitados, entre
ellos, las ciudades de Santiago de Cuba, Manzanillo y en algunas
zonas de la capital.
En esos lugares, dijo, explicamos a los pobladores la necesidad
de ahorrar y les dimos un plazo de tres meses sin cobrar el servicio
para que resolvieran los salideros internos. Había clientes que
consumían 900 litros por persona diariamente, cuando la cifra
promedio debe rondar los 170 litros. "Sabíamos que existía
sobreconsumo, pero no lo teníamos claro, porque no estaba medido,
apuntó. La gente buscó los medios, resolvió sus problemas y el
consumo bajó en un mes de 900 a 200 y tantos litros; todavía está
por encima, pero es una solución".
Cero
salideros interiores, ¿cómo lograrlo?
Al conversar con Evidio González Curbelo, director de
Conservación y Rehabilitación de Viviendas, y Francisco Fonseca
Fernández, jefe del Grupo de actividades productivas, ambos del
Instituto Nacional de la Vivienda, conocimos que una de las vías
para solucionar estos salideros es mediante programas acometidos
metodológicamente por esta institución y ejecutados por
microbrigadas sociales y de servicios a los edificios, entidades
pertenecientes a los gobiernos provinciales y municipales; a partir
de los planes elaborados. Hasta el cierre de noviembre, por ejemplo,
en 1 265 edificios fueron intervenidas las líneas hidrosanitarias.
Mas, a pesar de que dentro del objeto social de estas
microbrigadas sociales está prestar el servicio de mantenimiento y
conservación en general, los recursos que tienen son para asumir las
obras planificadas de edificios múltiples.
Indudablemente, la población necesita que le vendan herramientas
y piezas para asumir los arreglos de los salideros de sus viviendas.
¿Acaso no se pierden más recursos bombeando el agua y dejando que se
fugue más del 50% por tuberías deterioradas, tanques sin merucos,
muebles hidrosanitarios carentes del herramental necesario, pilas
sin zapatillas? Este es un lujo que ni la naturaleza ni la economía
de la nación nos permiten.
También hay mucho de indolencia. Ciertamente algunas piezas solo
son comercializadas en tiendas recaudadoras de divisas, a precios
que no son asequibles a la población; algo en lo que se debería
meditar. Pero otras se ofertan en CUP en los mercados industriales:
zapatillas, nudos, llaves de paso, flotantes, tuberías... que
ayudarían a poner coto a los salideros internos. Por esos, y por los
que vemos en las calles, va escurriéndose el agua que se necesita
para extender el servicio de abasto a otros pobladores.
El vital líquido, deslizado y acumulado en baches, zanjas u otros
espacios, se convierte también en peligro latente: hospedero de
insectos como el mosquito Aedes aegypti, transmisor de enfermedades.
Todo está en la voluntad de suprimir las fugas y en la conciencia
que tengamos acerca de la necesidad de ahorrar el agua dulce,
recurso que, como indican científicos y ambientalistas, se está
agotando en el planeta. |