INVESTIGACIONES     

(20 de marzo de 2010)

Centinelas de la Tierra

Orfilio Peláez
pelaez@granma.cip.cu

Quizás ningún otro avance tecnológico se aplicó casi de manera inmediata al desarrollo de las ciencias meteorológicas, como ocurrió con los satélites artificiales creados por el talento humano a comienzos de la segunda mitad del siglo XX.

Baste señalar que desde el lanzamiento el 4 de octubre de 1957 del primer vehículo espacial en la historia de la Tierra, el Sputnik 1 creado en la extinta Unión Soviética, hasta la puesta en órbita del TIROS-1 norteamericano (primer satélite dedicado exclusivamente a la observación del estado del tiempo) en abril de 1960, pasaron menos de tres años.

Como señala el doctor Eugenio Mojena, muchas ramas de la ciencia se benefician hoy del empleo de las fotos satelitales.

Según opina el profesor e historiador Luis Enrique Ramos Guadalupe, este último hecho marcó el nacimiento de la denominada meteorología satelital o cósmica.

A partir de entonces los especialistas pudieron disponer con suma anticipación de un cúmulo de datos sobre la posición y el desplazamiento de los diferentes sistemas atmosféricos, aun cuando permanecieran en medio del océano, donde no existían redes de estaciones para seguirles las huellas.

La recepción de las imágenes tomadas desde el espacio ultraterrestre por los citados artefactos reportaron un rápido y beneficioso impacto, al propiciar el surgimiento de un verdadero sistema de vigilancia meteorológica mundial.

SUBIDOS AL TREN

Si bien desde 1965 Cuba comenzó a recibir información de esos ingenios cósmicos, la mayor parte de esta no se podía utilizar en el trabajo operativo, porque llegaba en forma de códigos y el plazo de obtención, análisis y procesamiento de los datos era demasiado largo y perdía actualidad.

Inaugurada el 23 de marzo de 1969, la primera estación receptora de imágenes.

Gracias a los convenios de colaboración suscritos entre la entonces Academia de Ciencias de Cuba y el Servicio Hidrometeorológico de la URSS, el 23 de marzo de 1969 y coincidiendo con el Día Meteorológico Mundial, fue inaugurada en la sede del Instituto de Meteorología la primera estación receptora de fotos de satélites que tuvo nuestro país, la cual solo recibía imágenes de espectro visible de una a dos veces al día, en los espacios de luz solar.

Apenas cinco meses después, contribuyó de manera protagónica en el seguimiento de la trayectoria del huracán Camilla, durante su amenaza y posterior cruce por el extremo occidental de Pinar del Río, el 15 de agosto de ese propio año.

Para el doctor en Ciencias Físicas Eugenio Mojena, la posterior instalación en 1974 de una segunda estación desarrollada en la antigua República Democrática Alemana, marcó un hito al brindar la posibilidad de extender los horarios de observación a las horas nocturnas, ampliando la calidad del análisis de los datos.

También significó un despegue en lo referido a la formación de profesionales y técnicos altamente calificados en esa temática, quienes impulsaron diferentes estudios que ayudaron a fortalecer el servicio meteorológico nacional.

Según precisó a Granma el también Investigador Titular del departamento de Satélites del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, hoy existen dos tipos de esos artefactos dedicados a "mirar el tiempo": los denominados geoestacionarios, cuya órbita abarca todo el cinturón ecuatorial, y los que operan a lo largo de los ejes polares.

En 1985 la institución adquirió una nueva estación receptora APT-WEFAX (transmisión automática de fotografía y facsímil meteorológico), que representó un salto cualitativo al permitir visualizar y procesar digitalmente la información.

Al combinarse lo anterior con el desarrollo de un novedoso software creado por expertos nuestros y del Instituto de Cibernética, Matemática y Física (ICIMAF), el perfil de aplicaciones de las fotos satelitales se amplió de manera significativa, sentenció Mojena.

Más allá del pronóstico del tiempo y el rastreo permanente de los huracanes, ellas fueron incorporadas a las investigaciones en el campo de la oceanología, climatología, agricultura, geología, hidrología, transporte marítimo y aéreo, y control de la contaminación de las aguas, por citar algunos ejemplos.

De manera particular sobresalen los beneficios de su empleo en el estudio de las corrientes marinas, bancos de peces, yacimientos minerales, determinación de la temperatura superficial del mar, grado de humedad de los suelos, probabilidad de ocurrencia de incendios forestales, traslado de contaminantes a larga distancia, derrames de hidrocarburo, nivel de concentración de ozono en la atmósfera, así como en la recopilación de valiosos datos referentes al proceso de calentamiento global del planeta.

Mojena dijo que en la actualidad el Instituto de Meteorología dispone de una moderna estación receptora, capaz de recibir en todas las bandas espectrales las transmisiones digitales de los satélites geoestacionarios y los que orbitan los polos, con la máxima resolución, lo cual mejoró la capacidad para monitorear el movimiento y evolución de los ciclones tropicales.

Sin embargo, debido a la dispersión hacia otros centros de una parte de los especialistas calificados en la temática, y a problemas técnicos de la estación, no pueden aprovecharse al máximo las potencialidades de este equipo encargado de recopilar la información que desde el Cosmos nos envían cada 15 minutos esa suerte de centinelas de la Tierra.

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