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En el norte tunero
Arranca bien la cosecha del garbanzo
Cultivar ese grano puede ahorrarle gastos a la economía nacional
por concepto de sustitución de importaciones. Turismo, semilla y
acopio entre los principales destinos de la producción
PASTOR BATISTA VALDÉS
LAS TUNAS.— Cada vez más esta provincia
asume —y en particular el
norteño municipio de Jesús Menéndez— un reto que toda Cuba
agradecerá: consolidar en grado ascendente la producción de
garbanzo.
Con
estas máquinas es más fácil separar
la funda, retirar el grano y envasarlo.
Con más de 300
hectáreas en producción neta y un estimado general
que supera las 300 toneladas, los agricultores campesinos y
estatales de Jesús Menéndez encabezan una experiencia que empieza a
despertar interés en otras zonas de la provincia, sobre todo al
norte.
Destinar para semilla
una parte de lo acopiado, indica la
voluntad de asegurar nuevas siembras para los últimos meses del año,
momento más propicio para ello.
Obreros
del sector estatal intervienen también por estos días en la cosecha
De acuerdo con
valoraciones de directivos y especialistas de la
rama agrícola, para entonces el municipio podría prácticamente
duplicar el área que se sembró de ese cultivo en esta campaña.
Ese incremento
paulatino debe crear bases no solo para responder
mejor a demandas del turismo o disponer de más semillas, sino
también para aumentar niveles con destino al consumo por parte de
una población que ya ha realizado las primeras adquisiciones en el
espacio que habitualmente abren aquí las ferias y mercados
concebidos para el expendio de productos agrícolas, alimentarios e
industriales.
Tales perspectivas
acentúan la motivación entre los productores
que acumulan más experiencia y resultados (como Reynold Fernández,
Gildardo Zaldívar, Alexander González¼ )
y también entre los trabajadores de las granjas Adolfo Villamar,
Noel Turrueles, Paco Cabrera y otras áreas estatales donde se planta
el referido guisante.
Tal
y como muestra este obrero, el grano está rindiendo buenos frutos en
esta zona.
Prende de tal modo
esa leguminosa aquí, que es fácil encontrar a
campesinos como José Turruelles acopiando alrededor de 25 quintales
por hectárea, o a hombres como Constantino Rivera (cocinero en un
centro escolar) dedicando parte de su tiempo libre al terreno que
también siembra, aunque en menor escala.
Esta cosecha ha
traído, incluso, la presencia de curiosas
máquinas, rediseñadas por el ingenio popular —a partir de equipos
procedentes del otrora campo socialista—, que hoy separan la funda
del arbusto, retiran el grano y hasta lo envasan mediante un proceso
igualmente válido para otros productos como frijol, maíz, soya y
arroz.
No
es lo mismo producir estos alimentos aquí, que adquirirlos en el
mercado exterior a precios cada vez más caros e inestables.
Estos cuidados hacia
el garbanzo no son casuales ni de última
hora. Los habitantes de la zona saben que cultivarlo y atenderlo con
esmero desde el principio aporta dividendos al final. Lo demostraba
desde hace más de medio siglo aquí mismo, en Arroyón, un hombre
llamado Ángel Pardo, quien después de cada cosecha, solía conservar
en botellas, la semilla que plantaría a finales del año.
Esas ventajas y
beneficios animan, incluso, a usufructuarios de
reciente incorporación a la producción de alimentos como Salvador
Vega, en cuyas parcelas, ociosas hasta hace poco tiempo, ya probó
"suerte" y da frutos el garbanzo.
No obstante, les
asiste mucha razón a José Turruelles, su familia
y a otros pobladores, cuando opinan que todas esas áreas en
producción pudieran rendir mucho más provecho con el mejoramiento de
la semilla y si al menos tuvieran acceso a un mayor asesoramiento
técnico, que siempre será de gran utilidad y por tanto, bienvenido
entre los productores.
Actualmente la
tonelada de garbanzo se cotiza en el mercado
internacional, a un precio de 950 dólares. |