Antes de ir a la mesa

Síntesis de la modesta experiencia que acumulan quienes no esperan, mediante una canalita, lo que con sus manos, recursos e inteligencia pueden asegurar para enderezar el rumbo de los alimentos

PASTOR BATISTA VALDÉS

LAS TUNAS.— Si en medio de tantas adversidades económicas, financieras y naturales, esta provincia hubiera acomodado mentalidades al estilo de la "canalita" (entiéndase aquella perniciosa manía de recibir todo desde fuera), hoy las unidades, instalaciones y vías por donde la población accede a satisfacer necesidades de alimentación, fueran un verdadero bostezo. Y, afortunadamente, no es así.

Fotos del autorCon garantía de materia prima y envases, la fábrica Liberación es una pequeña mina alimentaria.

Nadie imagine que ese estratégico asunto está resuelto aquí. Pero la provincia estaría mucho más lejos de su solución si no hubiera empezado a integrar, controlar y aprovechar mejor los procesos productivos y de servicios, las potencialidades de la tierra, las capacidades industriales instaladas, el talento nunca en extinción de las personas...

Tal vez ni los mismos tuneros sepan con exactitud que detrás de los productos lácteos, helados, refrescos, cárnicos, dulces, pastas y conservas que ahora consumen, está el empuje —casi siempre "a pulmón limpio"— de mucha gente que no retrocede, ni aun en las peores circunstancias.

La nueva línea debe aprovechar mejor la carne, sangre y otros elementos antes no tolalmente aprovechados.

EL "ENIGMA" DE LIBERACIÓN

La fábrica de conservas situada al sureste de la cabecera provincial tunera no puede llevar mejor nombre: Liberación.

Diseñada para elaborar una amplia gama de productos, la entidad se vio atenazada durante años por insuficiencias con el suministro de frutas y vegetales, falta de envases y otras irregularidades que perjudicaron directamente el proceso.

Si a ello se suma la existencia de salarios realmente bajos —250 pesos más un "extra" cuando se justifica la estimulación: solo posible dos veces a todo lo largo del año 2009—; equipamiento ya obsoleto luego de casi tres décadas en explotación; interrupciones, momentos de inercia e incertidumbre productiva... lo más probable hubiera sido que el grueso de la fuerza laboral emigrara hacia otras empresas y entidades.

Ahora este equipo aprovecha hasta los potes que otras máquinas no podían sellar.

Por ello resulta llamativo y hasta "enigmático" el apego de esos trabajadores a sus puestos de labor, la tradicional estabilidad del colectivo y el ritmo que mantienen cuando hay respaldo de materias primas.

"La explicación es sencilla —expresa Alexis Árias Ramírez, administrador—, mis trabajadores quieren mucho a su fábrica para dejarla atrás. La prueba está en que la mayoría de ellos son fundadores o llevan muchos años aquí, enfrentando dificultades de todo tipo, buscando alternativas o recuperando una y otra vez equipos como esa caldera, que posiblemente sea la más vieja de Cuba en el sector."

Y con la participación decisiva de todos ellos se libera cada vez más de sus cadenas Liberación.

Bastó un ligero "soplo" agrícola —tomate, frutas, vegetales— e industrial —latas, potes, tanques—, para que el ambiente en la fábrica fuera favorable.

Gracias al ingenio creador, la fábrica tunera produce y envasa estos refrescos.

Puré de tomate con distintos grados de densidad, siropes saborizados, salsa mayonesa, mermeladas, trozos de fruta bomba a granel y en potes, ají, col o remolacha esterilizados... despuntan ahora entre las variedades que la entidad asegura para beneficio de organismos, unidades gastronómicas, restaurantes, tiendas especializadas y venta directa a la población mediante la red de bodegas o en un punto concebido para el expendio de algunos productos en las inmediaciones de la propia fábrica.

De acuerdo con declaraciones de Arturo Camejo López, director de la Industria Alimentaria en la provincia, si el territorio se propone dar un salto sin precedentes en algo tan necesario como el puré de tomate, o si incluso ya ocupan espacio en frigorífico más de una veintena de tanques con pasta y puré, es porque junto a la respuesta del sector agrícola está el indispensable aporte de la industria.

LA VIDA NACE EN EL MATADERO

Aunque parezca contradictorio, también la vida está naciendo cada vez más desde el matadero —Unidad Empresarial de Base— Pelayo Cusidó, de Las Tunas.

Así lo admiten Argelio Torres, quien lleva más de 20 años laborando allí; el Héroe del Trabajo de la República de Cuba Pedro Cruz Pérez —casi tres décadas deshuesando carnes— y otros trabajadores por cuyas manos pasa el fruto del esmero con que productores estatales y campesinos crían animales para asegurar algo que necesita todo ser humano: carne, derivados, proteína, alimentación...

Y precisamente para aprovechar mejor esas producciones y multiplicar volúmenes mediante procesamiento industrial, el matadero experimenta renovadores cambios.

"Una decisión muy oportuna —explica Caridad Agüero Martínez, directora general de la empresa cárnica— fue crear una nueva línea para sacrificar cerdos, y no solo reses como siempre había sucedido en esa Unidad Empresarial."

Ello hace innecesario el traslado del cerdo en bandas, desde el municipio de Colombia —a más de 50 kilómetros— con los consiguientes riesgos de temperatura, pérdida de tiempo y otros inconvenientes para una carne que, por demás, dejaba allá subproductos o componentes de amplio y provechoso empleo para la elaboración de alimentos que no se aprovechaban al máximo.

Por eso, como afirma Ricardo Rodríguez San Juan, jefe de producción en el matadero, la ampliación de la actividad a un nuevo local y la instalación de varios equipos han tenido gran impacto entre los trabajadores.

Innovadores de la propia Unidad, con el concurso de talleres y empresas del territorio, han recuperado e instalado ya una pequeña empacadora, un molino, un equipo para homogeneizar masa y se trabaja en el rescate de una embutidora.

Esa base permitirá procesar allí mismo notables volúmenes de sangre que hasta hoy han tenido que vender a determinadas entidades u organismos, así como aprovechar también otros elementos en la elaboración de morcillas y masas cárnicas, de manera que iguales cantidades de animales sacrificados tributarán finalmente mayores niveles de alimentos, una vez industrializados.

DESAFÍO EN CALIENTE PARA REFRESCAR

Como norma, la población le atribuye al mecánico integral Bienvenido Mantilla Estrada —también Héroe del Trabajo de la República de Cuba— el mérito de mantener funcionando la añeja fábrica de refrescos. Pero él se niega a admitir individualmente tal responsabilidad por considerar que junto a su aporte ha estado siempre la contribución de muchas manos.

Lo cierto es que sin ese ímpetu emprendedor tal vez los tuneros hoy tuvieran que "batirse" solamente con alternativas a la usanza del "refresco en latica": envasado en otras provincias y vendido a precios que no toda la población puede pagar cotidianamente.

Por eso tienen cada día más valor los "milagros" que ha logrado el talento humano para mantener activa una línea de tecnología argentina que, 35 años después, sigue siendo vital para responder a la creciente demanda social.

No es ese, en cambio, el único referente práctico. Equisel Carmenate Pavón, director general de la empresa de bebidas y refrescos, le atribuye también gran valor al diseño y construcción de una maquina mezcladora que, sin emplear energía eléctrica, es capaz de producir refresco instantáneo destinado fundamentalmente a sectores priorizados como los de educación, salud, comercio y gastronomía.

Por igual vía —innovación, tenacidad humana—, fueron traídas, recuperadas e instaladas, dos máquinas conformadoras de envases, conocidas como "sopladoras", desahuciadas y sin uso alguno en otras partes del país, que ahora envasan refresco en los llamados pomos Pet (plásticos), con formatos que oscilan desde 330 mililitros hasta dos litros de capacidad.

Además de beneficiar solicitudes de la cadena de oferta del MINCIN en Las Tunas y en otras zonas del oriente cubano, ambas líneas son una oportuna opción también para enfrentar la recurrente carencia de botellas de vidrio para el envase de ron.

EL MAYOR RETO

Sería iluso pensar que todo marcha a pedir de boca en Las Tunas, o que se hace tanto como realmente se puede.

Los primeros que están conscientes de que aún existen potencialidades para aportar mucho más, son esos mismos trabajadores que producen alimentos agrícolas, carne, embutidos, helado, refrescos, dulces o conservas... a partir de soluciones locales. Por respeto a ellos —y a una población que calcula cada mañana en qué emplear el dinero del día— este reportaje no puede sembrar aires de complacencia o de triunfalismo.

El reto es grande todavía en la búsqueda de producir más, motivar a las personas, aprovechar las capacidades y recursos de cada lugar, acabar con la indisciplina, generar valores, sustituir importaciones y exportar todo cuanto se pueda para hacer del trabajo la fuente real de riquezas que sí es y tanto necesitamos.

A todo tren por “la vía láctea”
 

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